Membresía
Un compromiso mutuo, no un trámite
Ser miembro es pertenecer a un pueblo que se ama, se enseña y se cuida en Cristo.
En el Nuevo Testamento no existe el creyente aislado. Cristo salva a personas y las incorpora a su cuerpo, la iglesia. La membresía significativa es, sencillamente, tomar en serio esa realidad: hacer visible y concreto el compromiso de amor entre un cristiano y una congregación local.
Ser miembro no otorga un estatus especial ni un mérito espiritual. Es asumir responsabilidades y también recibir cuidado: un lugar donde rendir cuentas, crecer y servir bajo el pastoreo de ancianos que velan por tu alma.
Preguntas frecuentes
¿Cómo me hago miembro?
El camino habitual comienza participando de la vida de la iglesia y conversando con un anciano. Luego hay un tiempo de conocimiento mutuo, una clase de membresía donde repasamos qué creemos y qué esperamos unos de otros, y finalmente la recepción ante la congregación.
¿Qué implica ser miembro?
Implica un compromiso mutuo: la congregación se compromete a amarte, enseñarte y cuidarte; vos te comprometés a reunirte con los hermanos, someterte a la enseñanza de la Palabra, servir según tus dones y vivir en santidad. La membresía no es un trámite, sino un pacto de amor.
¿Qué es la disciplina restauradora?
Es el cuidado que la iglesia ejerce cuando un miembro persiste en pecado sin arrepentimiento. Siguiendo Mateo 18, el objetivo nunca es el castigo, sino la restauración: buscar con paciencia y amor que el hermano vuelva a Cristo.
¿Puedo participar sin ser miembro?
Sí. Todos son bienvenidos a nuestros cultos y estudios. La membresía es el paso de comprometerse formalmente con esta congregación en particular, pero no es requisito para visitarnos ni para escuchar la predicación.
¿Querés dar el paso o conversar con un anciano?
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